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Una pieza maestra que deja enseñanzas a cada cristiano: la historia en la que Jacob lucha con un desconocido nos muestra que Dios también puede bendecir en el sufrimiento, si luchamos por ello. Hace poco, el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider enunció quíntuple bendición en un Servicio Divino.
Casi 45.000 participantes tuvo el Servicio Divino del 7 de febrero en la ciudad de Ulm, Alemania. Unos 1.800 hermanos y hermanas en la fe estuvieron presentes en el centro de congresos de la ciudad. Por otra parte, 380 comunidades del Sur de Alemania, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Macedonia, Serbia, Ucrania y de los Emiratos Árabes Unidos se conectaron a la transmisión por video. El fundamento de la prédica fue la cita bíblica de Gn. 32:26: “Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices”.
“La historia de la lucha de Jacob es una pieza maestra que deja enseñanzas a cada cristiano, a cada hijo de Dios”, resaltó el Apóstol Mayor. Dios prometió a Jacob conducirlo de regreso con su padre y convertirlo en una fuente de bendición. Jacob creyó en esta promesa y siguió las indicaciones divinas. “Creamos en la salvación que nos ofrece Dios y decidamos llevar nuestra vida de acuerdo con el Evangelio”.
Cierta vez de noche, Jacob fue atacado por un desconocido que se cruzó en su camino. En un primer momento luchó por su vida, pero luego, cuando comprendió con quién estaba luchando, quiso más: la bendición de Dios. “Experimentamos tribulaciones, dificultades, injusticias, decepciones. Somos atacados, pero no sabemos con certeza de dónde viene el ataque y para qué sirve”. Lo importante, destacó el Apóstol Mayor, es que “advirtamos el peligro y que reconozcamos que a partir de ese momento ¡nuestra propia vida eterna está en juego!” “Y luego quedará en claro”, siguió explicando, “que de algún modo ha intervenido la mano de Dios. ¡En una situación como esta, Dios también me puede bendecir!”
“Estamos solos en esta lucha, igual que Jacob”, explicitó el Apóstol Mayor y agregó: “Es cierto que los hermanos oran por nosotros y que la familia nos apoya. Pero en el fondo se trata de un asunto totalmente personal. Cada uno tiene que tomar la decisión en su corazón: ¡Quiero permanecer con Jesucristo!”
“Jacob siguió su camino después de luchar. Estaba herido, pero bendecido“, comentó la máxima autoridad de la Iglesia. “Los ataques también nos hieren. Al término de la prueba, en muchos casos la situación ya no es la misma de antes y tenemos que renunciar a algo. Tenemos que dar, a alguien o algo”. Lo decisivo es que “tenemos la bendición de Dios a pesar de estas heridas”.
¿Y en qué consiste la bendición de Dios?
“Dios quiere ver: ¿qué tan importante es la vida eterna para ti?”, concluyó el Apóstol Mayor. “¡Para que así sea, luchemos con nuestro corazón, en la oración, con nosotros mismos y con el diablo, cuando sea necesario! ¡Nosotros luchamos y Dios nos bendice!”