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Un versículo de la Biblia ha causado muchos dolores de cabeza a los exégetas, y eso desde hace 1800 años. Este mismo pasaje es el tercer punto de partida de la concepción de los difuntos de la Iglesia Nueva Apostólica. En última instancia, se trata del poder de un Sacramento.
Es un hueso duro de roer el que dejó el Apóstol Pablo en 1 Corintios 15:29: “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?”.
El significado es controvertido. El versículo “ha provocado una gran inversión de perspicacia y sutileza”, como señala con leve suficiencia un destacado comentario bíblico. La literatura especializada cuenta con unas 200 interpretaciones diferentes, desde los Padres de la Iglesia y los Reformadores hasta la actualidad.
Mientras tanto, se ha establecido un consenso académico. Según el mismo, este versículo se refiere al llamado Bautismo vicario: los cristianos de Corinto cultivaban la costumbre de bautizarse en nombre de personas fallecidas no bautizadas para permitirles resucitar en Cristo. Esta es la explicación más convincente desde el punto de vista filológico. La mayoría de los exégetas coinciden en ello.
Este versículo es el único pasaje bíblico que habla al respecto. ¿Por qué menciona Pablo el “Bautismo por los muertos”? Muy simple: algunos cristianos de Corinto no creían en la resurrección. Sin embargo, algunos de ellos practicaban el Bautismo vicario. Sin la resurrección, eso no tiene sentido, aclaró Pablo, golpeando a los negadores con sus propias armas.
¿Y cómo evalúa el Apóstol esta práctica sacramental para los difuntos? En el propio texto bíblico no hay ni aprobación ni rechazo. Los comentarios bíblicos más recientes, en particular, señalan que Pablo difícilmente habría utilizado el Bautismo por los muertos como argumento a favor de la resurrección si se hubiera opuesto a él. Habla del mismo como si fuera algo natural.
¿Cómo llegó Corinto a tener ese rito? Los cristianos vivían allí en un entorno abierto y multicultural. Y, para aquella época, tenían una comprensión claramente sacramental del Bautismo. En otras palabras, atribuían un gran poder a ese acto.
Y una parte de la comunidad creía que ese poder se extendía al más allá. El consenso científico ve las raíces de esta idea tanto en el judaísmo como en la cultura griega:
En los comentarios bíblicos más antiguos, el Bautismo vicario se suele descartar como una costumbre sectaria. Esto también tiene que ver con el hecho de que algo similar fue practicado más tarde por comunidades que estaban al margen de la Iglesia antigua.
La literatura especializada más reciente parte de la base de que el Bautismo por los muertos era bastante natural en Corinto y quizá incluso se practicaba en otras comunidades paulinas. En cualquier caso, el concepto de “salvación después de la muerte” estaba más extendido en el cristianismo primitivo de lo que se suele suponer.
De hecho, desde el siglo II al IV los Padres de la Iglesia se ocuparon de planteamientos similares y ritos divergentes en diversos rincones de la cristiandad. Esto demuestra, al menos, que siempre existió la necesidad básica de los creyentes de saber que el camino de la salvación en Cristo había sido allanado también para sus difuntos.
Por ello, el famoso teólogo Dietrich Bonhoeffer se preguntaba: “¿Por qué no podría surgir de tal concepción del Bautismo una costumbre como expresión extrema […] del poder del Sacramento?”.
¿Una conferencia episcopal prohíbe el Bautismo vicario? Esa es la narrativa habitual. Pero no es del todo cierto. Qué sucedió después con los Sacramentos para los difuntos en el cristianismo: De eso tratarán los dos próximos episodios de esta serie.
Foto: Weerapat Wattanapichayakul