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Por doce años no había venido un Apóstol Mayor a la República Centroafricana. Tanto más grande fue la alegría, tanto en las comunidades como para el dirigente de la Iglesia, de que pudo celebrar el Servicio Divino de Domingo de Ramos en la capital Bangui.
El Servicio Divino del domingo 14 de abril de 2019 fue transmitido tanto por la radio nacional como también por televisión. El Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider exhortó a la gran comunidad que tomase sin tardar la salvación que ofrece Jesucristo: “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos” (Lucas 19:41-42).
En aquella época, al entrar en Jerusalén, haciendo una breve retrospectiva histórica, Jesús fue recibido con júbilo como el Mesías, pero no sin segundas intenciones bien concretas. La gente esperaba de Él milagros materiales y la liberación del dominio romano. Se concentraban demasiado en su propio bienestar. “Su verdadero enemigo no era Roma, sino el mal que los tenía atrapados”, expresó el Director de la Iglesia.
Lo importante es ante todo la pregunta, y el Apóstol Mayor la colocó en el centro de su prédica, de qué espera hoy la comunidad de Jesús. “Dios no nos salvará solo porque no reunimos regularmente para adorarlo y orar. La postura de nuestro corazón debe responder a las expectativas de Dios”, enfatizó. Forma parte de esto el mirar no solo a su propio bienestar, sino a la riqueza eterna que Dios quiere regalar.
Esperar que Dios castigue a sus “enemigos” no debe ser determinante para el hombre. “La meta de Jesús es librarnos de la servidumbre del mal y ayudarnos a desterrarlo de nuestro corazón”. Para él, dijo el Apóstol Mayor, está claro que Jesús quiere regalar a los hombres su salvación. ¡No se la puede adquirir observando los mandamientos o por buenas obras y sacrificios!
El hombre debe buscar mucho más lo que es para la paz, lo que es imprescindible para la salvación eterna. Forma parte de ello:
Por lo tanto, es válido para la comunidad de los creyentes de hoy, colaborar sin tardar en la salvación para que Cristo la pueda liberar del mal y permitirle el acceso a su reino.