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Quienes piensan en Navidad suelen pintar en su mente un campo cubierto de nieve, montañas blancas, lagos helados. Pero a la vista del estado de ánimo global, este es un mundo de ensueño. Detrás de la fachada, la Navidad se ve diferente.
En muchos países del mundo, la Navidad es en realidad un simple registro en el calendario. O bien la religión predominante no reconoce la fiesta cristiana, o la política del país no permite que haya seguridad y protección, o los acontecimientos familiares tienden a convertir la fiesta de la alegría en días de tristes recuerdos. Para muchas personas, la Navidad es simplemente estrés. La alegría se convierte en decepción. Una vez más, un año termina en un caos de emociones…
Hay muchos hechos que hablan en contra del espíritu festivo:
Habría muchas más columnas de cifras, hechos de la vida social, noticias tristes que podrían encontrar espacio aquí. ¡Pero basta! Es Navidad.
Los hechos que hablan a favor de un espíritu festivo también son, afortunadamente, muchos. La Navidad es lo que hacemos de ella. Este es el calendario de festividades del cristiano devoto:
Jesucristo vino a este mundo. Nació como verdadero hombre y verdadero Dios. Su llegada se celebró en pequeño, pero derramó gran gozo en el corazón de los seres humanos: “He aquí os doy nuevas de gran gozo…”. Muchos lo creyeron y lo siguen creyendo hoy en día. Su gozo navideño no consiste únicamente en regalos, salud, seguridad, sino en confianza y esperanza. La confianza en la omnipotencia de Dios no hace que la vida cotidiana sea más bella, pero hace más fácil soportar los imponderables y las incoherencias. La satisfacción es una cuestión del corazón y no está controlada únicamente por influencias externas.
El que coloca su esperanza en Jesucristo
Una Navidad bendecida es una Navidad de esperanza y de futuro.
Foto: Guy Sagi – stock.adobe.com