Hablamos con nuestro prójimo. Contamos lo que no nos gusta, lo que nos molesta. Lo que nos preocupa, lo que nos asusta. Hablamos de ello con nuestro vecino, con nuestros amigos y con nuestros compañeros de trabajo. Y yo no puedo evitar preguntar una y otra vez: ¿Ya se lo has dicho al amado Dios? Sí, claro, cuando tenemos una preocupación, decimos: ¡Amado Dios, amado Dios, ayúdame!
February 10, 2026